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jueves, 17 de julio de 2014
¿Ya no se puede ganar un mundial con una figura? Messi y su mundial
La Argentina cumplió su mejor mundial desde 1986. La comparación con 1990 nos trae un rendimiento superador. Ahora bien, el combinado nacional brindó una mutación digna de La Metamorfosis de Kafka y al mismo tiempo confirmó uno de los axiomas más viejos del fútbol: La teoría de la sábana corta. Aquella que indica que si atacás con muchos te descuidás atrás y si te cuidás en defensa, no llegás tano al arco rival. Veamos.
1- Los problemas como atenuantes
Argentina perdió algunos jugadores claves en la previa, factor que no pareció grave ni tomó dimensión de acuerdo a que salvo Gago, no estuvo en duda la participación de los lesionados. Higuaín, Agüero y el propio Gago llegaron a Brasil 2014 sin fútbol. Y aquí habría que agregar a un futbolista que llamado a ser suplente se tornaría determinante contra Suiza (para bien) y contra Holanda y Alemania (para mal): Rodrigo Palacio, él también se lesionó, aunque levemente, en los encuentros despedida en la Argentina. Si bien fue sólo un esguince, hay que marcarlo.
2- La metamorfosis
La Argentina llegaba como un equipo no consolidado que basaba su poderío en los denominados "4 fantásticos" (Messi, Di María, Higuaín y Agüero) y no pudo componer en todo el ciclo Sabella una defensa en bloque ordenada. Aquí los puntos 1 y 2 se unen dado que una nueva lesión del Kun, el ingreso de Lavezzi como volante carrilero por izquierda o un "ocho" falso y luego el desgarro de Di María y la entrada de Enzo Pérez como un volante clásico, compensó al equipo. Aunque la solidez final se alcanzó con dos cambios fundamentales: Demichelis en lugar de Fernández en la última línea y Biglia por Gago en el mediocampo.
De este modo, la Argentina se convirtió gracias al esquema y al alto nivel desplegado por varios de los suplentes, en un once sin fisuras que obturó todos los circuitos de juego, tal cual pudo verse frente a Bélgica y a Holanda y en gran parte contra Alemania.
3- El precio de la metamorfosis
Hasta aquí sólo se puede celebrar y aplaudir la mutación de la albiceleste, pero hay un detalle clave e insoslayable. Y es que desde que salió Di María, Argentina no marcó más goles en la copa del mundo. Lo vertical de "Fideo", su despliegue y dominio en velocidad lo hacen un volante que rompe líneas y esquemas y define partidos, como sucedió en el alargue frente a Suiza por octavos y en la final de la Champions League en mayo pasado.
Y además Messi perdió un secuaz en la ofensiva. Si a esto se le suma la baja de su otro socio, el Kun Agüero y se toma en cuenta la irregularidad del "Pipa" Higuaín, los cuatro fantásticos ya eran una quimera y una apuesta extinguida.
4- Los números de la metamorfosis
Cuando comenzó el mundial, Argentina no jugó bien y la apuesta original sumada a los temores de Sabella traducidos en su esquema con cinco defensores frente a Bosnia, nunca terminó de despegar. El rol de Messi con cuatro goles fundamentales en la primera ronda nos transportaron a los octavos de final con puntaje ideal. La "Pulga" brilló por ráfagas pero sus detractores no podían decir mucho en función de sus apariciones estelares.
Con Suiza hizo alguna de las suyas pero volvió a la primera plana gracias a su asistencia (tras quite de Palacio) a Di María en el final del suplementario.
En cuartos tocaba un rival de fuste, Bélgica y la participación de Messi no fue estelar pero fue quien inició la jugada con su clásico rodeo para sacarse de encima a dos rivales y combinar con Di María.
Pero evidentemente su figura no fue tan notable y a ojos de muchos, para las semifinales debía aparecer en toda su dimensión a la vez que había que cortar todos los circuitos de Robben y los suyos.
5- Messi en las finales y la memoria cortoplacista
Robben casi no inquietó en semifinales. Gran mérito de la telaraña argentina y al providencial cruce de Mascherano sobre el final. Algunos sugieren que Messi tampoco. Perdió varias, intentó otras pero aquí es donde parece que lo que el rosarino había dibujado en cinco partidos no contara. Sorprenden algunas críticas y cuando se revisan los 120 minutos es cierto que Lío no aparece de manera constante, si es que existe algún jugador del planeta que si lo hace...
Pero más estupor y a modo de antecedente no se mencionan algunas intervenciones al estilo del Barcelona que no terminaron en gol por impericia de los delanteros argentinos.
Las dos más importantes son una notable "empalada" ante dos defensores que se convierte en una asistencia magistral para Palacio que instintivamente no considera su zurda (Volveremos sobre esto) e intenta un golpe de cabeza que termina saliendo pifiado y débil a las manos del arquero naranja. La otra es una apilada que Messi arranca desde el lateral ante dos holandeses a quienes logra desbordar con destreza y cerca de la línea de fondo lanza un centro con derecha (su pierna no hábil), servida para Maxi Rodriguez que impacta mal el balón en lo que hubiera sido el gol de la victoria.
En suma, dos jugadas decisivas en el alargue que pasaron desapercibidas y no consideradas para calificar la labor de la pulga. Luego, el rosarino estuvo fino en la definición de penales, como el resto del equipo, y se logro el pase a la final tras 24 años.
6- En el potrero siempre eligen a los que mejor juegan...
El encuentro con Alemania salió como se esperaba. Los teutones con la posesión y los sudamericanos apostando a contras muy rápidas y verticales contra una defensa bien adelantada y en ocasiones, lenta. Mucho se ha escrito, lo cierto es que Argentina tuvo numerosas ocasiones de gol que desperdició. Dos fueron "mano a mano" que tanto Higuaín como Palacio ni siquiera embocaron al arco y podría decirse que no eligieron lo que la jugada pedía. Esto es central, el gol de Göetze es enviado por un diestro que tira el centro de zurda y el propio delantero, también derecho, cruza de manera notable...de zurda!
Dos diestros construyeron el gol de la final con sus piernas no hábiles, mientras que los argentinos en ambos casos frente al arquero se acomodaron para su derecha y le erraron al arco...
Así son las finales, y en ese detalle pudo estar el título. Messi tuvo dos, en una con su zurda, besó el palo. Tuvo otra similares a los envíos frente a Bosnia e Irán y se fue a treinta centímetros. Pateó un tiro libre y no fue gol como contra Nigeria. El propio Messi lo dijo "Tuvimos cuatro y los de arriba no supimos aprovechar nuestras oportunidades". Sabella lo resaltó al referirse a la falta de eficacia.
No es cuestión de cargar las tintas, pero los goles que no se hacen en el arco de enfrente, suelen terminar en resultados en contra.
Qué ironía! Circula la idea de falta de jerarquía de nuestros delanteros, justo con nuestro equipo, aquel de los cuatro fantásticos que perdió la chance de ser campeón porque sus delanteros no marcaron tantos en los últimos dos partidos...
7- Messi balón de oro
Y el debate sobre Messi adquirió mayores dimensiones cuando la FIFA le otorgó el premio al mejor jugador del torneo. No es que sea un premio que se caracterice por su justicia. Recordemos que en 2002 se lo llevó el arquero alemán Kahn quien en la final dio un rebote decisivo para otorgarle la ventaja a Brasil, que en 2006 fue para el defensor italiano Cannavaro y que en 2010 pese al alto nivel de muchos españoles, recayó en el uruguayo Forlán.
Un país como Argentina que suele ver complots en contra a cada paso también despotrica cuando se elige a un compatriota como el mejor.
La crítica al rosarino es exagerada en función de tres cuestiones:
1) Se lo compara inevitablemente con Maradona del 86, el jugador más determinante en la historia de un mundial. Es obvio que Lío -ni ningún jugador en la historia- no estuvo a la altura de Diego en México, pero si por encima del Maradona de 1982, 1990 y 1994. Por tanto, es muy difícil para el rosarino si la vara para su aprobación es que gane un mundial solo marcando en todos los partidos decisivos.
2) Se dice que no merecía el botín de oro, pero ante la pregunta de ¿quién se lo merecía? no aparece algún candidato superador. Tal vez James Rodríguez que no disputó los siete partidos o el propio Robben que también apareció por cuentagotas y no gravitó en la semifinal.
3) Se deja de lado como dijimos que Messi si bien fue "lagunero" (Dícese de un jugador que no está siempre involucrado en las acciones del juego) a la vez es el futbolista que más gambeteó, más pases de goles ofreció, cuatro veces fue elegido el hombre del partido y en gran parte su no consagración obedeció a la no definición de sus compañeros. En la final de 1986, Maradona metió un pase gol, y Burruchaga en una gran corrida lo definió. Contra el mismo rival, en la final de Brasil 2014, los delanteros fallaron, es cierto, él incluido. En el caso de Palacio y otros de igual modo que frente a Holanda. Si se quiere y recurriendo a 1986, Messi no encontró contra Alemania lo que el combinado de Bilardo encontró en Pedro Pablo Pasculi frente a Uruguay, esto es una jugada creada por otros jugadores por fuera de Maradona que se convirtiera en gol decisivo. Los únicos tantos en los que no estuvo involucrado Lionel fue en el fortuito gol en contra frente a Bosnia y en el corner que Rojo marcó el tercero ante Nigeria. En los seis restantes, cuatro fueron de su autoría, el otro fue una asistencia propia y el último se sacó con su rodeo a dos de encima para dársela a Di María.
8- Con el calendario actual ¿Puede haber un jugador descollante de punta a punta en un mundial?
Finalmente, una pregunta, en la trituradora que es la competencia internacional actual ¿Existe la posibilidad de que las mega estrellas mundiales puedan descollar en siete partidos como en otros tiempos? Difícil. Los mejores de Brasil 2014 resaltaron más en la zona de grupos que de octavos en adelante, hecho que se demuestra por los goles convertidos por cada uno de ellos. Messi hizo cuatro y luego ninguno; Robben 3 y también luego no marcó; Van Persie 3 después 1; Muller hizo tres en el debut, uno contra EEUU y luego 1 en la semifinal vs Brasil; James es la excepción ya que metió 3-3; Neymar 4 y luego ninguno (aunque no jugó por lesión desde las semifinales).
Con esto, se destaca que a medida que los partidos se suceden y los rivales son más encumbrados, se acumula el cansancio de la temporada y la seguidilla de partidos. El caso argentino es emblemático: La albiceleste disputó cuatro partidos en doce días, pero en ellos -salvo frente a Bélgica- tuvo que afrontar tres alargues de 30 minutos. De este modo adicionó 90 minutos más, es decir un partido entero más. Esto hace que en doce días la Argentina disputara lo equivalente a cinco partidos, un promedio de un cotejo cada poco más de dos días...! En esa dinámica, se torna imposible que un solo jugador pueda marcar una diferencia tan decisiva en todos los encuentros sin que sus explosiones y decisiones no se opaquen por la merma fìsica. Podríamos agregar que los últimos dos campeones mundialistas fueron dos grandes equipos: España y Alemania, los cuales no estuvieron exentos de realizar grandes esfuerzos y superar enormes obstáculos.
Nuevamente la comparación con 1986. Bilardo y los suyos se prepararon con una antelación a la cita mundialista que hoy es inviable. El ejemplo de Di María es elocuente. Brasil 2014 comenzó el 12 de jnuio y "Fideo" disputó la final de la Champions League con el Real Madrid el 24 de mayo, esto es menos de tres semanas antes del inicio de la competencia. La cuestión no es lineal, pero la lesión de Ángel no parece casualidad...
El mundial se define en un "mata-mata" cada cuatro años, la comparación con Barcelona, un equipo que trabaja temporada a temporada y disputa varias competencias de largo plazo, y en muchas ocasiones con rivales de menor jerarquía no sirve como referencia. Justametne si analizamos el espléndido transitar de los últimos tiempos del club catalán, es justamente en la Liga de Campeones donde ha encontrado más obstáculos: Por rivales de jerarquía y un torneo que se define en una eliminatoria y una final en campo neutral, es decir un escenario muy similar al mundial.
Por tanto, en el contexto actual, entiendo que la figura de Messi sigue vigente, que no ganó el mundial sólo con sus pincelazos como se pretendía, pero tampoco puede afirmarse que no estuvo a la altura. En las condiciones de juego del fútbol actual, Messi cumplió con creces y si no se consagró campeón del mundo, no fue porque le pesó la responsibilidad sino por un conjunto de situaciones (impericia o falta de fineza en la definición de situaciones, un equipo sólido que lo fue dejando solo adelante y una sucesión de partidos agotadores que a la vez que se acumulaban, iban poniendo adelante a rivales y equipos más duros y de jerarquía).
jueves, 10 de julio de 2014
De Síndromes de Estocolmo, creerse más de lo que se es, de la final y estilos de juego...
Una panzada para Antropólogos y psicólogos la tapa de lance, (El Olé brasileño)
El hombre blanco al que hay que alentar porque es tan alemán y bueno que va a una aldea indígena, la civilización abraza a la barbarie y al atraso...
El fútbol y sus rivalidades permiten estas cosas, como que te pongas del lado del violador (7-1) antes de esos grupos de ultra densos que hace un mes te cantan en la cara ·"Brasil decime que se siente..." y con la soberbia típica argenta que te asegura que "llorás desde Italia hasta hoy", lapso en el cual (24 años = cinco mundiales -1994, 1998, 2002, 2006 y 2010) la albiceleste NUNCA logró superar los cuartos de final, NUNCA terminó arriba de Brasil y la verde amarelha obtuvo dos campeonatos mundiales (1994 Y 2002)....
Esa misma soberbia que atrapó a los Brasileros y los obnubiló, dado que con un equipo de burros (salvo Neymar), DESBORDADO emocionalmente desde un comienzo no dudaron en consignar como lema de su ómnibus que su sexto título estaba llegando...
PREPAREM-SE! O HEXA ESTÁ CHEGANDO!
(Prepárense! El hexa está llegando!)
Si esto no es una muestra de soberbia, qué lo es...
Pero el fútbol es así, la rivalidad todo lo puede y para los brasileños, el mundial termina el sábado donde intentarán borrar el 1-7 contra los holandeses. De antemano, no lo lograrán aunque goleen. La estadística marca que semejante resultado adverso no tiene parangón en la historia porque entre otras cosas:
Sólo dos equipos habían recibido cinco goles en media hora: Zaire y Haití...
Nunca le habían metido siete goles a Brasil en una competencia oficial.
Nunca una selección brasileña había recibido más de diez goles en un mundial
etc, etc. etc. etc.
La semifinal fue tan sorprendente que ni los enemigos más acérrimos lograban regodearse y en cambio primaba el estupor, la consternación y hasta la tristeza al ver los niños llorando en las tribunas.
Brasil no estaba para campeón, era (es) de los peores de su historia aunque tapado por la magia de Neymar y el supuesto pergamino de contar con un técnico campeón: Luis Felipe Scolari. Un DT que en sintonía con la soberbia no paró de exhibir logros propios y no es casual que terminara como concluyó.
Chile lo sometió pero no se terminó de convencer, Colombia salvo James y Yepes tampoco, y parecía que una vez más los brasileños llegarían a una nueva final. Hasta que un error garrafal en un corner, (no marcar en un tiro de esquina a uno de los goleadores del otro equipo es algo extraño entre profesionales...) derribó el castillo de naipes.
Ese manojo de nervios y emociones que era Brasil, trocó la voluntad de ir al frente sin sentido y desordenado como contra Colombia, por una parálisis nunca vista en la historia de los mundiales, y si algún ejemplo hay, nunca en una potencia.
Lo siguiente fue -siempre en términos deportivos- trágico, tragicómico para algunos. Los sudamericanos cometían tres o cuatro errores conceptuales y técnicos en una misma jugada. En el segundo gol, un envío al ras del suelo no puede ser interceptado por un jugador brasileño que sale muy lento, el alemán se tropieza, la pelota le queda atrás pero tiene tiempo de volver a recuperarla, la adelanta al área para un alemán que va paralelo al arco de derecha a izquierda, la adelanta demasiado y se topa con Klose que corría en sentido inverso, el máximo goleador de la historia de los mundiales (16 tantos en 23 partidos, tres a Argentina) le pega, Julio Cesar la saca, da rebote y ningún brasileño llega, de modo que Klose toma el balón y remata suave. Gol y debacle.
En las redes sociales y en los medios comenzaron a consignar que una esperanza paliativa era golear a Argentina por el tercer puesto, el sábado en Brasilia. No sucederá...
Desde entonces algunos torcedores y medios se pusieron en campaña para alentar a Alemania y manifiestan a Argentina como una pesadilla: el título lo dice todo, Pesadilla en la final: ahora solo falta Argentina campeona.
Y como si fuera poco, la foto es adornada con el comienzo de la clásica canción 2014, tema que como se venía diciendo desde varios mundiales atrás, debía crearse unas estrofas que olvidaran a la ya mufa "que esta barra quilombera..."
Por rivalidad y entrando en el terreno del síndrome de Estocolmo, los brasileños irán por Alemania pese a la humillación, vergüenza y vejamen de los teutones, según sus propios términos.
Argentina y su historia
La Argentina, como dijimos, pasó de la montaña rusa al ajedrez. Su caso es un claro ejemplo de lo complejo, lo cambiante y lo impredecible de un mundial. Mucho se ha escrito de la necesidad de compensar a un equipo volátil, potente arriba y frágil en defensa.
De aquel esquema no quedó nada. Argentina devino por imponderables y decisiones ante los imponderables en un equipo equilibrado, mucho más mezquino y monolítico a la hora de defender. Lo demuestra que llega a la final con apenas tres goles en contra en toda la copa, un tanto recibido cada dos partidos en promedio.
La paradoja es que la falencia ahora es como hace el ex esquema de los cuatro fantásticos, de los cuales quedarían dos (Messi e Higuaín), para meter un gol. Tuvo más chances que Holanda es cierto, pero ha generado poco y la soledad e inactividad de Lío empieza a alarmar. Arranca en mitad de campo y huelga decir, allí queda lejos y por supuesto, los rivales también juegan y arman su estructura defensiva para neutralizarlo.
¿Llegaría Di María a la final? Difícil. ¿Se sintió su ausencia? Si y mucho. Su reemplazo jugó bien. Muy bien por Enzo Pérez, pero Ángel como Messi no poseen reemplazo en lo que inventan, si en la posición. El déficit aparece porque cuando la toma la pulga, ahora no tiene tantas opciones de pase.
Los triunfos suelen tapar las falencias y no suelen ser buenos consejeros, y más cuando la Argentina no disputó un mal partido, y no le crearon chances concretas de gol más allá del quite providencial de Mascherano a Robben en el final de los 90 minutos.
La Argentina de Sabella además ha hecho historia y difícil no contentarse y caer en el exitismo desmedido. Está a un partido de la gloria total y en un encuentro todo puede pasar. Aún con los favoritos alemanes y arribando al Maracaná de punto.
Nada está dicho entonces. Seremos mejores como en México 86 o no podremos aguantar la presión como en Italia 90.
Los pesimistas no creen en milagros y en un cambio de funcionamiento que rompa a la unidad germánica. Menos aún con menos descanso y un alto desgaste. Los optimistas aseguran que como Alemania está más que confiada irá más al ataque y dejará más espacios para las contras de Messi e Higuaín.
No es poco para sustentar un sueño mundialista.
Aún juegue atado y a cuentagotas, no se puede dejar de soñar si tenés a Messi en tu equipo...
Lío: La historia no fue escrita ya, podés cambiarle el final...
El hombre blanco al que hay que alentar porque es tan alemán y bueno que va a una aldea indígena, la civilización abraza a la barbarie y al atraso...
El fútbol y sus rivalidades permiten estas cosas, como que te pongas del lado del violador (7-1) antes de esos grupos de ultra densos que hace un mes te cantan en la cara ·"Brasil decime que se siente..." y con la soberbia típica argenta que te asegura que "llorás desde Italia hasta hoy", lapso en el cual (24 años = cinco mundiales -1994, 1998, 2002, 2006 y 2010) la albiceleste NUNCA logró superar los cuartos de final, NUNCA terminó arriba de Brasil y la verde amarelha obtuvo dos campeonatos mundiales (1994 Y 2002)....
Esa misma soberbia que atrapó a los Brasileros y los obnubiló, dado que con un equipo de burros (salvo Neymar), DESBORDADO emocionalmente desde un comienzo no dudaron en consignar como lema de su ómnibus que su sexto título estaba llegando...
PREPAREM-SE! O HEXA ESTÁ CHEGANDO!
(Prepárense! El hexa está llegando!)
Si esto no es una muestra de soberbia, qué lo es...
Pero el fútbol es así, la rivalidad todo lo puede y para los brasileños, el mundial termina el sábado donde intentarán borrar el 1-7 contra los holandeses. De antemano, no lo lograrán aunque goleen. La estadística marca que semejante resultado adverso no tiene parangón en la historia porque entre otras cosas:
Sólo dos equipos habían recibido cinco goles en media hora: Zaire y Haití...
Nunca le habían metido siete goles a Brasil en una competencia oficial.
Nunca una selección brasileña había recibido más de diez goles en un mundial
etc, etc. etc. etc.
La semifinal fue tan sorprendente que ni los enemigos más acérrimos lograban regodearse y en cambio primaba el estupor, la consternación y hasta la tristeza al ver los niños llorando en las tribunas.
Brasil no estaba para campeón, era (es) de los peores de su historia aunque tapado por la magia de Neymar y el supuesto pergamino de contar con un técnico campeón: Luis Felipe Scolari. Un DT que en sintonía con la soberbia no paró de exhibir logros propios y no es casual que terminara como concluyó.
Chile lo sometió pero no se terminó de convencer, Colombia salvo James y Yepes tampoco, y parecía que una vez más los brasileños llegarían a una nueva final. Hasta que un error garrafal en un corner, (no marcar en un tiro de esquina a uno de los goleadores del otro equipo es algo extraño entre profesionales...) derribó el castillo de naipes.
Ese manojo de nervios y emociones que era Brasil, trocó la voluntad de ir al frente sin sentido y desordenado como contra Colombia, por una parálisis nunca vista en la historia de los mundiales, y si algún ejemplo hay, nunca en una potencia.
Lo siguiente fue -siempre en términos deportivos- trágico, tragicómico para algunos. Los sudamericanos cometían tres o cuatro errores conceptuales y técnicos en una misma jugada. En el segundo gol, un envío al ras del suelo no puede ser interceptado por un jugador brasileño que sale muy lento, el alemán se tropieza, la pelota le queda atrás pero tiene tiempo de volver a recuperarla, la adelanta al área para un alemán que va paralelo al arco de derecha a izquierda, la adelanta demasiado y se topa con Klose que corría en sentido inverso, el máximo goleador de la historia de los mundiales (16 tantos en 23 partidos, tres a Argentina) le pega, Julio Cesar la saca, da rebote y ningún brasileño llega, de modo que Klose toma el balón y remata suave. Gol y debacle.
En las redes sociales y en los medios comenzaron a consignar que una esperanza paliativa era golear a Argentina por el tercer puesto, el sábado en Brasilia. No sucederá...
Desde entonces algunos torcedores y medios se pusieron en campaña para alentar a Alemania y manifiestan a Argentina como una pesadilla: el título lo dice todo, Pesadilla en la final: ahora solo falta Argentina campeona.
Y como si fuera poco, la foto es adornada con el comienzo de la clásica canción 2014, tema que como se venía diciendo desde varios mundiales atrás, debía crearse unas estrofas que olvidaran a la ya mufa "que esta barra quilombera..."
Por rivalidad y entrando en el terreno del síndrome de Estocolmo, los brasileños irán por Alemania pese a la humillación, vergüenza y vejamen de los teutones, según sus propios términos.
Argentina y su historia
La Argentina, como dijimos, pasó de la montaña rusa al ajedrez. Su caso es un claro ejemplo de lo complejo, lo cambiante y lo impredecible de un mundial. Mucho se ha escrito de la necesidad de compensar a un equipo volátil, potente arriba y frágil en defensa.
De aquel esquema no quedó nada. Argentina devino por imponderables y decisiones ante los imponderables en un equipo equilibrado, mucho más mezquino y monolítico a la hora de defender. Lo demuestra que llega a la final con apenas tres goles en contra en toda la copa, un tanto recibido cada dos partidos en promedio.
La paradoja es que la falencia ahora es como hace el ex esquema de los cuatro fantásticos, de los cuales quedarían dos (Messi e Higuaín), para meter un gol. Tuvo más chances que Holanda es cierto, pero ha generado poco y la soledad e inactividad de Lío empieza a alarmar. Arranca en mitad de campo y huelga decir, allí queda lejos y por supuesto, los rivales también juegan y arman su estructura defensiva para neutralizarlo.
¿Llegaría Di María a la final? Difícil. ¿Se sintió su ausencia? Si y mucho. Su reemplazo jugó bien. Muy bien por Enzo Pérez, pero Ángel como Messi no poseen reemplazo en lo que inventan, si en la posición. El déficit aparece porque cuando la toma la pulga, ahora no tiene tantas opciones de pase.
Los triunfos suelen tapar las falencias y no suelen ser buenos consejeros, y más cuando la Argentina no disputó un mal partido, y no le crearon chances concretas de gol más allá del quite providencial de Mascherano a Robben en el final de los 90 minutos.
La Argentina de Sabella además ha hecho historia y difícil no contentarse y caer en el exitismo desmedido. Está a un partido de la gloria total y en un encuentro todo puede pasar. Aún con los favoritos alemanes y arribando al Maracaná de punto.
Nada está dicho entonces. Seremos mejores como en México 86 o no podremos aguantar la presión como en Italia 90.
Los pesimistas no creen en milagros y en un cambio de funcionamiento que rompa a la unidad germánica. Menos aún con menos descanso y un alto desgaste. Los optimistas aseguran que como Alemania está más que confiada irá más al ataque y dejará más espacios para las contras de Messi e Higuaín.
No es poco para sustentar un sueño mundialista.
Aún juegue atado y a cuentagotas, no se puede dejar de soñar si tenés a Messi en tu equipo...
Lío: La historia no fue escrita ya, podés cambiarle el final...
lunes, 7 de julio de 2014
De la montaña rusa al ajedrez ·Argentina y su metamorfosis mundialista
A veces lo que se planifica no sale. Por resultados, por imponderables o por la dinámica del juego.
En el caso de la selección argentina se partía de una premisa: "Cuatro fantásticos" en la delantera y tratar de compensar a la hora del retroceso. A priori una buena apuesta en función del poder de fuego de Messi, Agüero, Higuaín y Di María. Pero con el antecedente, vivo y peligroso, del mundial 2010 en el cual Argentina tras un octavos de final frente a México, con un triunfo abultado pero azaroso (un gol en off side y un error infantil de un defensor azteca) tapo las falencias y terminó con goleada en contra ante una Alemania más estructurada y que puso en evidencia todas los problemas del mediocampo sudamericano.
Sabella lo tenía presente e intentó generar un once más equilibrado. La inclusión de Gago como doble volante de marca y enlace con la línea ofensiva funcionó de manera más que aceptable en las eliminatorias. Sin embargo, en los últimos meses se encendieron algunas alarmas, tal vez no tan estridentes porque ninguna de ellas implicaba la deserción para el mundial. Higuaín, Agüero y Gago se lesionaron y no llegaron con competencia a la cita de Brasil.
El temor de Sabella se tradujo en un cambio sorpresivo en el debut frente a Bosnia. Argentina no jugó bien en la primera etapa y por motivos que fueron discutidos (solicitud de los jugadores o por propia revisión del DT) salió al segundo tiempo con la formación más conocida.
Así Argentina mejoró levemente, sintió la presión de tener que ganar si o si frente a Irán, no adquiría una dinámica de juego "fantástica", llegó a sufrir alguna ocasión de gol asiática pero terminó clasificando con el gol de Messi en tiempo de descuento.
Con Nigeria se vió la mejor versión albiceleste sobe todo a partir de un hecho fortuito: La lesión del Kun. Lavezzi marcó la diferencia como un carrilero adelantado antes que un delantero central. En ambos cotejos previos, tanto el Pipa como el ex Independiente, se habían mostrado muy estáticos como receptores de los movimientos de los medios.
El cambio del Pocho le dio dinamismo a un equipo que ya no cargaba con la mochila de tener que ganar a toda costa para obtener el lógico pase a octavos de final. Se ganó y frente a Suiza levantó aún más el nivel, aún con unas distracciones del fondo y de Gago en el medio que manifestaban que a Argentina cuando se la ataca, se le puede marcar. La relación entre ataques recibidos y goles que le convirtieron debe ser de las más altas de una selección.
En suma, un equipo que fue creando cada vez más ocasiones, partido a partido, pero endeble atrás. Con Bélgica, Sabella sacó a Gago y a Fernández y el equipo lució más ordenado. Y allí tuvo lugar otro suceso determinante: La lesión de Di María. Todo en un contexto de Argentina ganando y con un Higuaín que al marcar su gol, creció de manera superlativa. El ingreso de Enzo Pérez pareció solucionar el resto de los problemas de retroceso defensivo. Zabaleta ya no estaba solo, Demichelis (ingresó por Fernández) se mostró muy sólido y Biglia quitó más que Gago.Cabe señalar que tanto Di María como Messi son irreemplazables, no solo entre los 23 sino en la Argentina toda.
Por cierto, un planteo 4-4-2 fue muy atinado ante un partido que corría en ventaja. Los belgas no inquietaron casi nunca, más allá de los nervios de la instancia, tan importante para el fútbol argentino. Argentina después de 24 años, es decir cinco mundiales, alcanzó las semifinales y se clasificó para jugar los siete partidos de un mundial. Gran logro.
La cuestión que sólo se resolverá el miércoles frente a Holanda surge de despojarse del excesivo triunfalismo. Pérez no es Di María y si bien la Argentina manejó con criterio y jerarquía el encuentro, el orden, la disciplina fue elogiada en un partido -insisto- que ya se iba ganando. Aún más, no le han marcado en dos partidos! Esto es, los de Sabella se defendieron muchísimo mejor y sin apuros peeeero huelga reconocer, que la ausencia del zurdo del Real Madrid también le cortó la cantidad de llegadas concretas al arco rival. La Argentina dejó de ser esa montaña rusa que iba con todo al frente y volvía desordenada, y se convirtió en un equipo de ajedrez en la cual cada pieza cumple su función y ocupa los espacios, maniatando al rival pero lastimando mucho menos.
Queda dilucidar si con ese esquema le alcanzará para frenar a la "naranja", o deberá "quemar las naves" y jugársela para "romper el partido" en un ida y vuelta frenético. A favor le juega que en sus últimos dos partidos, la Argentina logró algo complejo, que sus rivales (Suiza y Bélgica) no desplegaran todo sus potenciales. En el fútbol de hoy, no es poco. Aunque en la previa, las individualidades holandesas -en especial Robben- no parecen haber sido neutralizadas en ningún momento. De otro modo, Robben se las ingenió para generar peligro, situaciones y goles en todos los encuentros. Eso si, Messi también...
Como siempre, esto es fútbol y en ocasiones las individualidades, las emociones, los fallos y/o el azar juegan su propio partido y por encima de los esquemas y planteos tácticos
Pronóstico reservado....
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