Una panzada para Antropólogos y psicólogos la tapa de lance, (El Olé brasileño)
El hombre blanco al que hay que alentar porque es tan alemán y bueno que va a una aldea indígena, la civilización abraza a la barbarie y al atraso...
El fútbol y sus rivalidades permiten estas cosas, como que te pongas del lado del violador (7-1) antes de esos grupos de ultra densos que hace un mes te cantan en la cara ·"Brasil decime que se siente..." y con la soberbia típica argenta que te asegura que "llorás desde Italia hasta hoy", lapso en el cual (24 años = cinco mundiales -1994, 1998, 2002, 2006 y 2010) la albiceleste NUNCA logró superar los cuartos de final, NUNCA terminó arriba de Brasil y la verde amarelha obtuvo dos campeonatos mundiales (1994 Y 2002)....
Esa misma soberbia que atrapó a los Brasileros y los obnubiló, dado que con un equipo de burros (salvo Neymar), DESBORDADO emocionalmente desde un comienzo no dudaron en consignar como lema de su ómnibus que su sexto título estaba llegando...
PREPAREM-SE! O HEXA ESTÁ CHEGANDO!
(Prepárense! El hexa está llegando!)
Si esto no es una muestra de soberbia, qué lo es...
Pero el fútbol es así, la rivalidad todo lo puede y para los brasileños, el mundial termina el sábado donde intentarán borrar el 1-7 contra los holandeses. De antemano, no lo lograrán aunque goleen. La estadística marca que semejante resultado adverso no tiene parangón en la historia porque entre otras cosas:
Sólo dos equipos habían recibido cinco goles en media hora: Zaire y Haití...
Nunca le habían metido siete goles a Brasil en una competencia oficial.
Nunca una selección brasileña había recibido más de diez goles en un mundial
etc, etc. etc. etc.
La semifinal fue tan sorprendente que ni los enemigos más acérrimos lograban regodearse y en cambio primaba el estupor, la consternación y hasta la tristeza al ver los niños llorando en las tribunas.
Brasil no estaba para campeón, era (es) de los peores de su historia aunque tapado por la magia de Neymar y el supuesto pergamino de contar con un técnico campeón: Luis Felipe Scolari. Un DT que en sintonía con la soberbia no paró de exhibir logros propios y no es casual que terminara como concluyó.
Chile lo sometió pero no se terminó de convencer, Colombia salvo James y Yepes tampoco, y parecía que una vez más los brasileños llegarían a una nueva final. Hasta que un error garrafal en un corner, (no marcar en un tiro de esquina a uno de los goleadores del otro equipo es algo extraño entre profesionales...) derribó el castillo de naipes.
Ese manojo de nervios y emociones que era Brasil, trocó la voluntad de ir al frente sin sentido y desordenado como contra Colombia, por una parálisis nunca vista en la historia de los mundiales, y si algún ejemplo hay, nunca en una potencia.
Lo siguiente fue -siempre en términos deportivos- trágico, tragicómico para algunos. Los sudamericanos cometían tres o cuatro errores conceptuales y técnicos en una misma jugada. En el segundo gol, un envío al ras del suelo no puede ser interceptado por un jugador brasileño que sale muy lento, el alemán se tropieza, la pelota le queda atrás pero tiene tiempo de volver a recuperarla, la adelanta al área para un alemán que va paralelo al arco de derecha a izquierda, la adelanta demasiado y se topa con Klose que corría en sentido inverso, el máximo goleador de la historia de los mundiales (16 tantos en 23 partidos, tres a Argentina) le pega, Julio Cesar la saca, da rebote y ningún brasileño llega, de modo que Klose toma el balón y remata suave. Gol y debacle.
En las redes sociales y en los medios comenzaron a consignar que una esperanza paliativa era golear a Argentina por el tercer puesto, el sábado en Brasilia. No sucederá...
Desde entonces algunos torcedores y medios se pusieron en campaña para alentar a Alemania y manifiestan a Argentina como una pesadilla: el título lo dice todo, Pesadilla en la final: ahora solo falta Argentina campeona.
Y como si fuera poco, la foto es adornada con el comienzo de la clásica canción 2014, tema que como se venía diciendo desde varios mundiales atrás, debía crearse unas estrofas que olvidaran a la ya mufa "que esta barra quilombera..."
Por rivalidad y entrando en el terreno del síndrome de Estocolmo, los brasileños irán por Alemania pese a la humillación, vergüenza y vejamen de los teutones, según sus propios términos.
Argentina y su historia
La Argentina, como dijimos, pasó de la montaña rusa al ajedrez. Su caso es un claro ejemplo de lo complejo, lo cambiante y lo impredecible de un mundial. Mucho se ha escrito de la necesidad de compensar a un equipo volátil, potente arriba y frágil en defensa.
De aquel esquema no quedó nada. Argentina devino por imponderables y decisiones ante los imponderables en un equipo equilibrado, mucho más mezquino y monolítico a la hora de defender. Lo demuestra que llega a la final con apenas tres goles en contra en toda la copa, un tanto recibido cada dos partidos en promedio.
La paradoja es que la falencia ahora es como hace el ex esquema de los cuatro fantásticos, de los cuales quedarían dos (Messi e Higuaín), para meter un gol. Tuvo más chances que Holanda es cierto, pero ha generado poco y la soledad e inactividad de Lío empieza a alarmar. Arranca en mitad de campo y huelga decir, allí queda lejos y por supuesto, los rivales también juegan y arman su estructura defensiva para neutralizarlo.
¿Llegaría Di María a la final? Difícil. ¿Se sintió su ausencia? Si y mucho. Su reemplazo jugó bien. Muy bien por Enzo Pérez, pero Ángel como Messi no poseen reemplazo en lo que inventan, si en la posición. El déficit aparece porque cuando la toma la pulga, ahora no tiene tantas opciones de pase.
Los triunfos suelen tapar las falencias y no suelen ser buenos consejeros, y más cuando la Argentina no disputó un mal partido, y no le crearon chances concretas de gol más allá del quite providencial de Mascherano a Robben en el final de los 90 minutos.
La Argentina de Sabella además ha hecho historia y difícil no contentarse y caer en el exitismo desmedido. Está a un partido de la gloria total y en un encuentro todo puede pasar. Aún con los favoritos alemanes y arribando al Maracaná de punto.
Nada está dicho entonces. Seremos mejores como en México 86 o no podremos aguantar la presión como en Italia 90.
Los pesimistas no creen en milagros y en un cambio de funcionamiento que rompa a la unidad germánica. Menos aún con menos descanso y un alto desgaste. Los optimistas aseguran que como Alemania está más que confiada irá más al ataque y dejará más espacios para las contras de Messi e Higuaín.
No es poco para sustentar un sueño mundialista.
Aún juegue atado y a cuentagotas, no se puede dejar de soñar si tenés a Messi en tu equipo...
Lío: La historia no fue escrita ya, podés cambiarle el final...


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