A veces lo que se planifica no sale. Por resultados, por imponderables o por la dinámica del juego.
En el caso de la selección argentina se partía de una premisa: "Cuatro fantásticos" en la delantera y tratar de compensar a la hora del retroceso. A priori una buena apuesta en función del poder de fuego de Messi, Agüero, Higuaín y Di María. Pero con el antecedente, vivo y peligroso, del mundial 2010 en el cual Argentina tras un octavos de final frente a México, con un triunfo abultado pero azaroso (un gol en off side y un error infantil de un defensor azteca) tapo las falencias y terminó con goleada en contra ante una Alemania más estructurada y que puso en evidencia todas los problemas del mediocampo sudamericano.
Sabella lo tenía presente e intentó generar un once más equilibrado. La inclusión de Gago como doble volante de marca y enlace con la línea ofensiva funcionó de manera más que aceptable en las eliminatorias. Sin embargo, en los últimos meses se encendieron algunas alarmas, tal vez no tan estridentes porque ninguna de ellas implicaba la deserción para el mundial. Higuaín, Agüero y Gago se lesionaron y no llegaron con competencia a la cita de Brasil.
El temor de Sabella se tradujo en un cambio sorpresivo en el debut frente a Bosnia. Argentina no jugó bien en la primera etapa y por motivos que fueron discutidos (solicitud de los jugadores o por propia revisión del DT) salió al segundo tiempo con la formación más conocida.
Así Argentina mejoró levemente, sintió la presión de tener que ganar si o si frente a Irán, no adquiría una dinámica de juego "fantástica", llegó a sufrir alguna ocasión de gol asiática pero terminó clasificando con el gol de Messi en tiempo de descuento.
Con Nigeria se vió la mejor versión albiceleste sobe todo a partir de un hecho fortuito: La lesión del Kun. Lavezzi marcó la diferencia como un carrilero adelantado antes que un delantero central. En ambos cotejos previos, tanto el Pipa como el ex Independiente, se habían mostrado muy estáticos como receptores de los movimientos de los medios.
El cambio del Pocho le dio dinamismo a un equipo que ya no cargaba con la mochila de tener que ganar a toda costa para obtener el lógico pase a octavos de final. Se ganó y frente a Suiza levantó aún más el nivel, aún con unas distracciones del fondo y de Gago en el medio que manifestaban que a Argentina cuando se la ataca, se le puede marcar. La relación entre ataques recibidos y goles que le convirtieron debe ser de las más altas de una selección.
En suma, un equipo que fue creando cada vez más ocasiones, partido a partido, pero endeble atrás. Con Bélgica, Sabella sacó a Gago y a Fernández y el equipo lució más ordenado. Y allí tuvo lugar otro suceso determinante: La lesión de Di María. Todo en un contexto de Argentina ganando y con un Higuaín que al marcar su gol, creció de manera superlativa. El ingreso de Enzo Pérez pareció solucionar el resto de los problemas de retroceso defensivo. Zabaleta ya no estaba solo, Demichelis (ingresó por Fernández) se mostró muy sólido y Biglia quitó más que Gago.Cabe señalar que tanto Di María como Messi son irreemplazables, no solo entre los 23 sino en la Argentina toda.
Por cierto, un planteo 4-4-2 fue muy atinado ante un partido que corría en ventaja. Los belgas no inquietaron casi nunca, más allá de los nervios de la instancia, tan importante para el fútbol argentino. Argentina después de 24 años, es decir cinco mundiales, alcanzó las semifinales y se clasificó para jugar los siete partidos de un mundial. Gran logro.
La cuestión que sólo se resolverá el miércoles frente a Holanda surge de despojarse del excesivo triunfalismo. Pérez no es Di María y si bien la Argentina manejó con criterio y jerarquía el encuentro, el orden, la disciplina fue elogiada en un partido -insisto- que ya se iba ganando. Aún más, no le han marcado en dos partidos! Esto es, los de Sabella se defendieron muchísimo mejor y sin apuros peeeero huelga reconocer, que la ausencia del zurdo del Real Madrid también le cortó la cantidad de llegadas concretas al arco rival. La Argentina dejó de ser esa montaña rusa que iba con todo al frente y volvía desordenada, y se convirtió en un equipo de ajedrez en la cual cada pieza cumple su función y ocupa los espacios, maniatando al rival pero lastimando mucho menos.
Queda dilucidar si con ese esquema le alcanzará para frenar a la "naranja", o deberá "quemar las naves" y jugársela para "romper el partido" en un ida y vuelta frenético. A favor le juega que en sus últimos dos partidos, la Argentina logró algo complejo, que sus rivales (Suiza y Bélgica) no desplegaran todo sus potenciales. En el fútbol de hoy, no es poco. Aunque en la previa, las individualidades holandesas -en especial Robben- no parecen haber sido neutralizadas en ningún momento. De otro modo, Robben se las ingenió para generar peligro, situaciones y goles en todos los encuentros. Eso si, Messi también...
Como siempre, esto es fútbol y en ocasiones las individualidades, las emociones, los fallos y/o el azar juegan su propio partido y por encima de los esquemas y planteos tácticos
Pronóstico reservado....

vamos argentina
ResponderEliminarMuy buena la comparación con el ajedrez. Vamos Argentina, espero el miércoles con emoción
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