domingo, 12 de enero de 2014

Olfato de goleador

Sigiloso, sin ser percibido, buscando el lugar del área donde los que saben presienten que va a llegar el balón lanzado por un compañero. Es más instinto que vista, escapando a la potencial férrea marca del aguerrido defensor. Es la combinación perfecta entre experiencia y talento.

Uno sabe por su olfato de goleador que está cerca y que la ubicación es óptima, las pulsaciones se incrementan levemente sin convertirse en el "corazón delator" que también describía Edgar Allan Poe. Es tener la sapiencia y el temple para estar alerta sin que el momento cúlmine no se aproveche por los nervios. Eso no sucede, como el depredador, todos los sentidos se agudizan en la víspera y el flujo sanguíneo, los músculos y la mente se predisponen a madrugar a todos y sobresalir con tan sutil pero letal maniobra. 

El presagio se concreta, se que es mi momento, meto el cabezazo en un movimiento seco, frío, furibundo con el centro de la frente pero levemente hacia la izquierda del lado opuesto de donde proviene la pelota. El impacto tiene lugar justo antes del comienzo del parietal. Posee destino de gol.

Imagino apenas impacto que el balón ingresa en la ratonera, al decir de aquellos legendarios relatores, es decir por el ángulo inferior derecho del arquero que se ve sorprendido y con su reacción no llega a meterle el manotazo salvador. 

El "eférico" incrementa la velocidad que traía del envío por la derecha apenas toca mi frente y sale como una flecha, sin tocar el césped, para impactar en la red lateral que atenúa su ímpetu y comienza a dormirse cada vez más suave, pique tras pique en el interior del arco. 



Con la hidalguía que caracteriza a los guardametas, el arquero, pantaloncito negro y buzo verde al estilo Pato Fillol, se rinde en el suelo y sin ver el destino final del balón, sabe que ha sido vencido y lo demuestra con un gesto típico: Cierra los ojos con fuerza y deja caer la cabeza hacia atrás. Reconoce el gesto técnico de su oponente, se rinde, no tiene palabras, solo resignación. Eso hacen los arqueros de ley, no como aquellos que enseguida se paran y buscan entre sus compañeros a un culpable, actuando un enojo y gritando algo como para desligar su responsabilidad en el tanto recibido.

No son sólo los arqueros quienes deben guardar ciertos códigos. Me refiero a aquel jugador que tras ejecutar un disparo que hace levantar a la afición porque entiende que será gol, se detiene y adopta una postura expectante, de súplica, con el deseo de que su balón ingrese en el arco, sin embargo el arquero con una volada espectacular rompe el hechizo, envía la pelota al corner y automáticamente despierta los uuuuuhhhh de la hinchada. No está bien que aquel player insulte al aire sino que es de lo más noble del deporte que rompa su inercia, su congelamiento con una nueva carrera para esperar el centro o para realizar el tiro de esquina y ahí se da la acción destacada: Pasa cerca del guardameta y le extiende la palma de la mano, signo o símbolo (Sassure ya no recuerdo tus postulados semióticos) de reconocimiento y el arquero, le retribuye el gesto. Dos contrincantes que acaban de deleitar al dios de los deportes con dos magníficos movimientos. El jugador de campo fue derrotado en ese lance, sin embargo reconoce que la destreza del rival y no su impericia, fue la que impidió la concreción del gol.



Así, se entiende, saberse derrotado, no excusarse y reconocer la capacidad del bando contrario es tan importante como la capacidad, la destreza y el talento. Como se ha deslegitimado el balonpié desde la aparición de aquellos rufianes escapados de las "tablas" de algún teatro de barrio, quienes prefieren zambullirse simulando un toque del rival antes de disputar la pelota hasta el fin de las consecuencias. Ni hablar de aquellos repentinos apologetas de la justicia quienes con un humillante y ampulante gesto le "avisan" al árbitro de la simulación y que debe amonestar el engaño del delantero. Así estamos mis amigos, con delanteros que buscan penales y defensores que pretenden amonestaciones para el rival.

Nada de esos berretines aparecieron en mi maniobra, no hubo tiempo, fue un rayo, una escena excelsa del fútbol, un gesto técnico de manual, de esos que enseñan en las escuelitas. Aparecí, no me vieron y clavé el testazo. Un golazo, hubiera sido un golazo, si no fuera porque el testazo se lo di al marco de la puerta de mi habitación...









1 comentario:

  1. este te lo puedo dibujar?
    para tus posteos en facebook desde blogger tenés un botoncito que dice compartir y te redirige acá y es más pro, cachai

    saludos

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