jueves, 19 de diciembre de 2013

Así educaron a nuestros viejos...

Algunas miradas sobre los textos que educaron a viejas generaciones contribuyen a explicar ciertos imaginarios y discursos.

 Sobre el modelo agroexportador:

EL GRANERO DEL MUNDO: “Granero del mundo llamamos por eso a nuestra patria. Aquí vienen a buscar su pan los hombres de todas las regiones del globo. Largos trenes acercan la cosecha a los puertos de embarque. Allí se guarda el trigo en grandes construcciones que se llaman elevadores de granos, los cuales no son un simple depósito, sino que en ellos el grano se limpia, se pesa, se clasifica, todo mecánicamente, y por último ellos mismos lo cargan en las bodegas de los buques. ¡Bendita de Dios nuestra tierra, porque produce el pan para todos los hombres del mundo!” (En Tolosa, Oscar 1940. Cielo azul, texto de lectura para tercer grado. Bs. As. Editorial Arai)

 PROSPERIDAD NACIONAL: “La extensión de la República de tres millones de kilómetros cuadrados, con más de la tercera parte arable, asegura la producción nacional. El clima templado y suave en todo el país permite la explotación de las más variadas especies de cultivos en un mínimo paraje y la ejecución del trabajo al aire libre durante todo el año. La fertilidad del suelo compensa pródigamente el trabajo de labranza…se puede efectuar rotación de cultivos, haciéndose prácticamente inagotables. La ganadería ofrece otra fuente inagotable de producción. Esta riqueza atrae las clases trabajadoras europeas, aumentando la inmigración que se adapta en el acto y pueden empezar a trabajar desde el mismo instante de su arribo. Apoyada por estas fuerzas poderosas y benéficas, la República avanza hacia el futuro con paso tranquilo y firme, marchando bajo un cielo azul y blanco, con un sol que ilumina su camino a ocupar el alto puesto que la Providencia le tiene deparado entre sus hermanas civilizadas, a la par de aquellas naciones que han sabido hacerse hermosas, prósperas y felices”. En Villarruel, M. Teresa 1931. Vencerás, libro de lectura, editorial Estrada, pp. 87)

Sobre los pueblos indígenas: Ante el cuestionamiento de la depredación de un cementerio indígena Zeballos responde: “No, teniente. Si la civilización ha exigido que ustedes ganen entorchados conquistando estas tierras, la ciencia exige de mí que yo la sirva llevando estos cráneos a los museos. La barbarie está maldita y no quedarán en el desierto ni los despojos de sus muertos” (Lectura “las tumbas de la barbarie”, En Cucuzza, Héctor 2007. Yo argentino. La construcción de la Nación en los libros escolares (1873-1930). Miño y Dávila editores, Buenos Aires, pp. 205-206). “En rigor, no puede haber una historia de los indios, a menos que se trate de los mayas, de los aztecas, de los incas. Ellos tuvieron historia; el resto de los aborígenes no. Tampoco la había de tener el indio araucano de la pampa, cuyos malones asolaban las fronteras cristianas. La historia es construcción, y este indio no construye nada; solo sabe destruir y deshacer. La historia es acción; esto es concertada inteligencia que realiza obra; y el malón, que es todo lo que sabe organizar el indio, es solamente fuerza arrasadora” (Capdevilla, Arturo y García Velloso, Julián 1940. Patria Grande, texto de lectura para 5° y 6° Grados. Bs. As. Editorial Kapelusz y Cía., sexta edición, pp. 135-136). “Todavía quedan muchos indios en la tierra argentina. Muchos, la mayor parte, trabajan en los campos, en los bosques, en los valles. Esos indios buenos y trabajadores también son ciudadanos argentinos, aunque no sepan leer ni escribir. Son hombres humildes y olvidados, perseguidos algunas veces por malos hombres blancos que les quitan sus tierras y hasta sus caballos y cueros. ¡Pobres indios! Ellos también viven y sufren. Ellos también ayudan de un modo humilde a formar la patria en los bosques, en los campos, en los valles. Tienen hogares; hijos que no pueden ir a la escuela. Son argentinos. Son hermanos de los hombres buenos y justos de la República Argentina” (Blomberg, Héctor 1925. Pensamiento. Libro de lectura. Bs. As. Editorial Ángel Estrada y Cía. Decimoséptima edición pp. 78)

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