domingo, 22 de diciembre de 2013

Uno de los tantos textos emblemáticos de Dolina. En sí, "Crónicas del ángel gris" es una joya de la literatura, obra que el propio Dolina no valora tanto, o al menos eso deja entrever en sus entrevistas. Crónicas se destaca por un lado por su estructura y argumento, esto es la idea de los hombres sensibles, los refutadores de leyenda y el empecinamiento de personajes entrañables como Manuel Mandeb. 
El otro aspecto es la organización del texto, en cuentos breves ligados a la trama principal, a veces de manera tangencial y no directa. Algunos de esos cuentos o episodios me han hecho reír a carcajadas en el 93, aquel colectivo que tomaba diariamente desde Munro a Chacarita ida y vuelta en mis años de estudiante de periodismo. "Táctica y estrategia de la escondida" y otros son brillantes.
Sin embargo refiero al siguiente porque une dos cuestiones movilizantes para mi: el fútbol y los amigos. Lo puedo recitar de memoria, lo he hecho en alguna improvisación o despedida a manera de obra de teatro. Es una obra maestra.
A disfrutarla.



Alejandro Dolina: Instrucciones para elegir en un picado


 [fuente: La minga en movimiento. Argentinos por la inclusión www.lamingaenmovimiento.wordpress.com]

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo, se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. 
Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a cada uno de sus compañeros. 
Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. 
Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida: sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advierten su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada. 
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían… ciertas cualidades. 
Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía siempre a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran los más capaces. 
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico: uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. 
Un equipo de hombres (y mujeres) que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.



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